Juan Calzadilla o el Jonás moderno, por Nereida Asuaje

Juan Calzadilla o el Jonás moderno

Por Nereida Asuaje

 

 Juan Calzadilla es un caso difícil.

Miguel Márquez

 

Los convulsionados años 60 fueron el escenario ideal para que en Venezuela un grupo de jóvenes artistas, cuya sangre bullía como el magma de los volcanes, se juntaran y formaran, tras las cenizas del grupo literario Sardio, el Techo de la Ballena. Colectivo al que no se puede encasillar en tal o cual expresión artística en tanto fue de carácter experimental y derribó las parcelas del arte; un grupo cuyo fin comunicacional gravitó entre la confrontación, el desafío y el escándalo –cómo no escandalizarse al ver a un cetáceo pasearse desenfadadamente por las calles de Caracas–. Juan Calzadilla, cual Jonás moderno, estuvo en la entraña de esa ballena, conoció su anatomía oculta, se cubrió con su olium magnae y hasta se tuvo que postrar ante un dios para poder salir de allí; obviamente su dios no fue el mismo del Antiguo Testamento, sino que el azar.

Al final del libro Retrato de un artista moderno hay una entrevista que reza lo siguiente: Juan Calzadilla: sujeto complicado nacido a mediados del siglo XX. Experto en toda clase de ambigüedades. Y es este currículo breve y lleno de vaguedad, a mi criterio, el que con más exactitud lo describe. ¿La razón? una sola: su inexactitud. Así que ahora entenderemos el porqué de la sentencia de Márquez que encabeza estas líneas.

Se ha dicho que Juan es un tipo iconoclasta, subversivo, irreverente, un tipo muchas veces escéptico, un tanto pesimista y siempre, siempre, siempre irónico (sobre todo cuando de hablar de sí mismo se trata). Quien ha tenido la fortuna de conocerle —y el que no, con más presteza, pues el mito que alrededor de él se va cerniendo termina por seducirlo— va acuñando a su persona tal o cuál calificativo, así que no seré yo quien rompa con esta tradición y aquí aprovecho para acuñar a su nombre uno más… uno que, quizás, contenga y explique los anteriores.

Obstinado, eso es Juan para mí… en el sentido hessiano del término. Para Hermann Hesse «el que es obstinado obedece a una ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al ‘propio sentido’».  «Obstinación», en alemán es “eigensinn”, palabra compuesta que literalmente significa «propio sentido”. Y es que Juan Calzadilla va por la vida contra todo pronóstico y “avanza sin sentir asco ni penas ni repugnancias, avanza entre la goma espuma y el anime, entre el poliéster y la fibra de vidrio, avanza entre los escuadrones de moscas barranco abajo hasta el terraplén donde el albañal y la carroña se juntan, de alcabala en alcabala avanza a un paso de la putrefacción»,sin  vacilar ni menos lamentarse: ¿acaso puede alguien sentir remordimiento cuando obedece la voz de su propia conciencia?

«La poesía de Juan Calzadilla es como una bala perdida que solo el azar –como Dios absoluto– decidirá sobre qué conciencia dará en el blanco»

Juan Alberto Calzadilla nació en Altagracia de Orituco, allá en «el corazón del país» –como diría el poeta colombiano Larry Mejía–. No importa si fue en 1930 o 1931, tampoco el que además de ser poeta sea ensayista, crítico de arte y artista plástico. No es necesario decir que fue cofundador del Techo de la Ballena (1961) y del grupo editor la Gaveta Ilustrada (1977) o que fue director de la revista Imagen (1984). Mucho menos que en el 2016 fue laureado con el Primer Premio León de Greiff al mérito literario, ni que es Premio Nacional de Artes Plásticas (1996). Todos estos datos y otros tantos más se pueden encontrar en la contraportada o en la solapa de cualquiera de sus libros o –para ser más prácticos– en el primer portal que sugiera algún motor de búsqueda en internet.

Lo que sí es clave recalcar es que Juan no necesita explicaciones ni presentaciones ya que, como diría el mismo: «La explicación del poema acaba con el poema a menos que la explicación sea el poema mismo». En definitiva, hablar de su obra poética es hablar de él. Una poesía orgánica, que no solo respira, sino que te sopla a la cara la vida y sus reveses.

Dicho esto dejaré que sean sus versos los que den la cara por él. No sin antes advertirles que leerlos implicará, en cierta forma, un acto suicida. La poesía de Juan Calzadilla es como una bala perdida que solo el azar –como Dios absoluto– decidirá sobre qué conciencia dará en el blanco. Tengan en cuenta que casi siempre su impacto es letal. Pero bien vale la pena jugar a la ruleta rusa, pues hasta ahora no he conocido a nadie más que haya encarnado en sí mismo la idea de Breton sobre el acto poético más puro, en otras palabras, salir a la calle, revólver en mano, y disparar contra la multitud.

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Horror vacui

¿No es más propio del horror temer al vacío que llenarlo? Así también cuando en la página nos angustia el cosmos, la mano se paraliza.

Restearse

El tiempo es una plataforma que te sostiene

mientras estás sobre ella.

Existe porque lo ocupas

Pero desaparece bajo tus pies

como agua

tan pronto te hundes.

Cinismo

–¿Hasta dónde te propones descender?

Le gritaba aquella mujer, reprochándole su cinismo

mientras los dos bajaban en la cabina del elevador.

–Hasta la planta baja. Respondió tranquilamente.

Definición

La poesía es una rama de la gramática

de la cual, a veces, brotan flores.

No importa en qué estación.

De un diario apócrifo de Kafka

La mínima felicidad está situada en el centro de la cuerda.

La máxima también.

¡La felicidad no conoce los extremos!

Lápidas: las tapas de los libros cuando están cerrados.


Publicado originalmente en:https://correodelalba.org/2020/03/16/juan-calzadilla-o-el-jonas-moderno/

#Los90deCalzadilla

Las medias de Juan han sucumbido ante el peso de las palabras, por Joel Linares
¿Cómo se llama la poesía de Juan Calzadilla?, por Luis Alberto Crespo
Publicado en Juan Calzadilla y su armario de palabras (cumpleaños 90).

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