Juan: doblemente maestro, por Coral Pérez Gómez

 

Juan: doblemente maestro

Llegando al país, fue primero la curiosidad cultural de una inmigrante ante aquellas librerías cuantiosas y tan numerosos poetas. Era el comienzo de los 90. Por alguna razón selectiva y personal, entre la de tantos, resaltó para mí la poesía de Juan Calzadilla, como un impacto, un giro de visión. Pasado el tiempo, y con otro giro esta vez histórico (a comienzos del siglo XXI), entendí que en el país estético y político se daban, sintomáticamente, polaridades marcadas por los gustos de los lectores (algo así como partidos poéticos). Lo percibí aún más durante mi paso por la Escuela de Letras. Por un lado, Juan, con su especie de antipoesía conceptual y, por otro, los estilos poéticos, igual magníficos, de Luis Alberto Crespo y Rafael Cadenas.

Todavía reuniendo, como un juego modular en el tiempo, la lectura de los poemarios de Juan, me topé con un estudio suyo sobre el artista plástico Jesús Soto. Estaba descubriendo el cinetismo desde una apasionante y minuciosa teoría, más acá de la presencia urbana de este en el país. Seguido el encuentro con esa propuesta tan interesante como aguda: el pintor que pintara la pintura, acerca del autodidacta y extraño Emerio Darío Lunar. Finalmente, para cuadrar mi trilogía personal, doy con un ensayo breve e igualmente contundente sobre otro pintor popular significativo: Salvador Valero. Creo que mi empatía con esa otra lectura del Juan crítico de arte se dio de forma tan redonda, porque, siendo una autodidacta en la pintura, al ir de su mano cumplía en otro plano esa otra parte en mí no desarrollada académicamente.

Lo cierto es que por mucho tiempo lo conocí sólo a través del acercamiento bibliográfico, pero fue en medio de la labor editorial en equipo cuando pude conocerlo personalmente. En ese tiempo, Juan solía aparecer con entusiasmados proyectos debajo del brazo, trayendo más trabajo del que ya había en torno a los nuevos escritores venezolanos. Una de esas propuestas culminó con la publicación de un libro de la atípica poesía de Damarys González: Mariposas en el suelo. De su mano, literalmente, también nos llegó otra poeta, Ingrid Chicote, dándose a la luz más tarde La ruta de los ancestros.

Por mi parte, después de mucho pensarlo y superando intempestivamente la timidez, una tarde me atreví a mostrarle mis dibujos y pinturas en la pantalla de trabajo del computador; precisamente, gracias a su mágica manera de tratarte como si te conociera. Entonces, con la misma inmediatez reaccionó su respuesta de espaldarazo: «Bueno ese carácter psicológico de los autorretratos».

En fin, que así fue como, progresiva y lenta, la figura de Juan se integró íntima y definitivamente a mi recorrido de vida.

 

Coral Pérez Gómez

#Los90deCalzadilla

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Publicado en Juan Calzadilla y su armario de palabras (cumpleaños 90).

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