Cuando era pequeña me dibujabas relojes, por Alejandra Gutiérrez Calzadilla

Cuando era pequeña me dibujabas relojes en la muñeca. Un reloj de mano con unas agujas detenidas que apuntan siempre la misma hora fue, para mí, el primer poema. Cuánto he deseado ese reloj desde entonces. Lejos de aquella imagen, el tiempo pasa cada vez más rápido.

El tiempo pasa cada vez más rápido y ya cumples 90. Antes eras solo mi abuelo, luego eras mi abuelo que —por alguna razón— todos conocían, luego entendí por qué tantas personas te conocían cuando aprendí a leer tus poemas.

Los cuerpitos que dibujabas —que antes me parecían muy similares unos a otros— me fueron poco a poco contando historias. Basta detenerse un instante para ver qué sucede, no sólo con cada uno… si te fijas bien, a veces juegan entre ellos.

Aunque ahora sepa leer y mi imaginación produzca historias más diversas cuando veo tus dibujos, no sabes cuántas veces he deseado ser nieta, ser niña, ir atrás, parar el tiempo. Quisiera pedirte insistentemente que me dibujes otro reloj en la mano en aquel momento en que no me importaba el tiempo.

La poesía estaba hasta en los juegos con tus nietos. He ahí la prueba: eres un hombre que no sabe dejar de ser poeta.

Alejandra Gutiérrez Calzadilla

#Los90deCalzadilla

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