Para que no digan que el porvenir me dejó atrás. Poemas de Juan Calzadilla

 

PARA QUE NO DIGAN QUE EL PORVENIR ME DEJÓ ATRÁS
POEMAS

 

Juan Calzadilla

PREFACIO

Ni lejos ni cerca de sí mismo

El poeta no quiere estar lejos de sí mismo. Por eso no se distancia mucho de lo que ha llegado a pensar. Así también piensa de lo que piensa. Tampoco a este respecto quiere ponerse demasiado lejos: Lo que piensa debe estar bastante cerca de él, amarrado, por decirlo así, a la pata de su silla para que no se le vaya de las manos. Para que no le deje de pertenecer. Para que lo deje pensar. Y es a esto a lo que él llama coherencia.
Cuando sólo es falta de impulso para coger vuelo.

Diálogo con mi doble

¿Por qué usted se molestó en venir?
Mejor hubiera hecho quedándose
en la casa de mi cuerpo.
¿Por qué salió de mí mismo? No necesitaba
excederse de mí. Ni agitar mis brazos,
darle cuerda a mis pensamientos
y expandirse en el curso de mis propios pies
por la empinada cuesta y la aplanada orilla
del valle muerto que conduce a ninguna parte.
Usted me gustaba más cuando
no tenía cabeza y era un maniquí comprado
por un bolívar
en el mercado de Catia.

Surrealismo

Por condescendencia, el agua que baja es la misma
que remonta la corriente.
El pez le pierde el respeto a lo seco.
La piedra se disuelve en su elemento.
Ya no es inmóvil, sino movediza.
Los árboles entran de cabeza en el lecho.
Las mismas aguas del río donde
me baño mil veces pasan y pasan.
¿Por qué sucede todo esto?
No se lo preguntes a Heráclito.
Pregúntaselo a Breton.

El aleteo y la risa

No es como dice Benjamin que «la risa es pariente del aleteo», sino que el aleteo ríe, ríe. Asciende en el aire como el deseo de la risa. Ni el aleteo
ni la risa quieren permanecer quietos. La risa
es a su aleteo lo que el pájaro a su vuelo.

Materializa por un instante
su deseo de ser pájaro.

Andamio sin alas

«Agárrese de la brocha y deme la escalera».
Eso me dijeron que hiciera,durante tantísimos años.
Y junto con decirlo pasaban a la demostración.
Y cómo hubiera podido darles la escalera
estando yo subido a ella en el andamio
de un noveno piso?
Por eso mis caídas fueron fatales
pues ni siquiera tuve tiempo
de pintar unas alas
para agarrarme de ellas.

El poema y el sueño

I
Es una lástima que en el sueño hayas
visto una rosa abandonada en tu almohada
y que al despertar
tuvieras que destrozarla
para comprobar que era verdadera.

II
Poética

No era la libertad de los pájaros
lo que yo envidiaba
sino la libertad de su vuelo.
Aunque tampoco era la libertad de su vuelo
lo que yo envidiaba, sino lo que hacían
los pájaros para ser libres.

El saldo

Resignación, eres sólo un nombre para quien no
te conoce. Pero quien te conoce nada hace
con saber tu nombre.
Sencillamente te practica.
Con humildad, con templanza hace de ti una causa
o un navío a bordo del cual estima
como ganancia el que aun no zozobre
el poema

 

Litigio

Los altos niveles de imaginación
que en la poesía ponemos en juego
sólo son superados por el realismo
de nuestros cuerpos desnudos
Estos hacen que la literatura luzca
fútil a la hora de estar
acostados, juntos en una playa

Una orgía de palabras es
como el lago de la página en blanco
donde intercambiamos pieles.

Las parcas salen a la calle muy de mañana

Historieta (Lectura)

—La vía pública no es el mejor sitio
para escondernos.
—Entonces, ¿por qué no dar la cara?
—Porque de quien nos ocultamos
es de nosotros mismas.

II
—Quedaría defraudada la gente
si vieran lo que ocultamos.
—Ah, ¿entonces no debemos mostrarnos?
—Mostrarnos nosotras sí,
no lo que ocultamos.

—¿Y esto qué es? ¡Una escalera?
—No. Un traspié. Me da miedo.
—¡Cómo sería cuando vueles
después de la explosión!

 

Invocación

Extensión dolorosa de mi tiempo,
corrobórame. Hazme manso como el árbol
nocturno bajo el trueno.
Que mis pasos avizoren
el hueco en la ranura,
aunque se haga tarde
La flor en medio del camino
antes que a la espina.

Prolonga a como dé lugar
no mi respiración calma,
sino este resuello último.

Optimismo a flote

Estar del mejor ánimo
Para presenciar
Cómo en cualquier momento
Todo se viene
A pique
Sería cuando
Menos un síntoma
De que aún tu optimismo
Se mantiene a flote.

Después del alud

Pierdes tiempo alumbrándonos
con tanta insistencia.
No trates de sacar partido
de nuestra infelicidad.
La risa que tú nos aportas
resplandece sobre un paisaje muerto.

Apiádate de nosotros.
La risa con que tú pretendes
mitigar nuestro sufrimiento, oh sol,
resplandece sobre un paisaje muerto.

Sísifo

Gracias te doy, Zeus, por haberme puesto
a la intemperie.
Gracias te doy por haberme librado
de la pesada cadena.
Gracias te doy por haber colocado una montaña
donde antes había una pradera.
Gracias te doy por haberme permitido
ver el mundo desde esta gran altura.
Gracias te doy por haberme proporcionado
esta piedra.

Pórtico antes de entrar a la luz

La tea incluye a su luz
pues en sí misma es leño y candela.
¿Por qué te empeñas en adjetivarla
como si fuera necesario afirmar
que la luz alumbra y la madera arde?
Ya se sabe lo que es con sólo nombrarla

Elías David Curiel

Su silla por las tardes de siesta
era el trono donde se sentaba
Para ver la puesta del sol
Y el recodo por donde el río corría.
Y hasta se hubiera creído ser un buda
Si es que en otra vida
No lo hubiese sido.

Postal (amor campesino)

Sin miedo a parecer débil
Pienso en este encuentro
que no entra en la agenda del día
una mañana cualquiera
en que traspasada por los cristales
del sol y reclinada en su silla
Esta muchacha sólo piensa
en la reconciliación.

El Horizonte no me reconforta
Tampoco tú cuando estás ausente.
Si voy hacia el horizonte pierdo mi tiempo.
El siempre está más allá de la huella
de mis pasos, más lejos o más remoto.

Así tú para desaparecer
ni siquiera necesitas estar presente.
Como en el horizonte, cuando no estás,
me encuentro en ti perdido
en un desierto en donde
el caudal del río desaparece
o quizás sólo está seco.

El último amor

Sara Josefina y José Leonardo veían abultarse
las horas bajo el presagio de la implacable persecución.
Hubo momentos sin embargo en que fueron felices
Y se amaron como si nada hubiera ocurrido
y el cerco aun no se hubiese cerrado
para capturar al insolente esclavo.
El peligro nunca estuvo más a la vista
Ni la muerte más cercana de dar su zarpazo
que cuando en la plenitud de su encuentro
Sara Josefina y José Leonardo se juraron amor eterno.
El apretó su mano
Y ella lloró.

Abran bien las palabras
Y dejen salir al sol.

I
¿Cómo asumirme sin salir de mí?
¿Cómo no ser lo que miro?
¿Cómo no ser lo que fui?
He dejado atrás el lugar donde estaba presente
Y se borró.
¿Cómo volar hacia él si cambié mis alas
por un petroglifo?

II
Piedra sobre piedra

Déjame, piedra, que encuentre en ti el origen.
Déjame, piedra, retomar el hilo de la historia
en el punto en donde nada me aclaran las formas
que en la piedra primero dibujó el diluvio.

Déjame, piedra, que encuentre en ti el origen.
Déjame, piedra, que encuentre en ti la casa del ojo.
Déjame que recupere en el surco abrasivo
la habilidad del que con tanta diligencia
grabó en ti las líneas de la vida.

Sobre la lluvia

Ah, cuando te oigo bailar sobre el tinglado
pena me da recorrer a prisa
la lámina donde tus nudillos
por fin transcriben, en sentido inverso,
oh lluvia, la historia del cielo
como si leyeran a su antojo nuestras vidas.

Y pensar que
tus hilos no se resistían
a devolvernos el milagro,
ante tanta evidencia de lo intangible
que ha de glorificarse un día
cuando nube y tierra
junten por fin en un solo abrazo
el encuentro y la despedida.

Quiero saber si todo lo que oscurece
no es niebla

Quiero saber si es niebla lo que me impide
dar un nuevo paso para empuñar
la orquídea o el cuchillo.
Quiero saber si es niebla el temblor del tiempo
que hociquea el vidrio de mi ventana
al asomarme por él cada mañana
Quiero saber si soy una mala versión de la niebla
o los ojos bien abiertos que la mantienen a raya
para no confundir, quitándome aliento,
Vida y muerte.

Playa colorada

La obsequiosidad de una muchacha negra
Tomaba por asalto a los ojos de un poeta
Ocupado en contemplar la inmensidad.
Ausente de aquel paisaje de palmeras
Con que él alguna vez soñó.

Un bungalow se mecía sobre una roca
A corta distancia del mar.
El veía sus pensamientos
dibujados en la arena
y dejaba que en ellos enteramente se plasmara
no la figura de la muchacha negra
sino el paisaje mental
con que él alguna vez soñó.

Poesía

Un día te encontraré en la escritura.
Y ya no será un camino torcido
Sino sencillamente el que conduce a ti.
Yo confío en que por esa vía,
Llegue a rozar un día la posteridad.
Sé que no será un viaje corto
Que garantizará después de todo
Que el prodigio que me negó esta vida
Será recompesado en la otra.
Puesto que como ya se ha dicho
Nadie es poeta antes de morir.

Mala sangre

Ahora cuando la naturaleza
ha vuelto a resultarnos dócil y hasta familiar
al punto de que, hartos del progreso,
haya quienes todavía se atrevan a manipular
un tipo de botón como el que
conecta la mente con una rosa,
no digan de mí que no soy moderno
ni que, en esta época de grandes adelantos
En materia de electrónica y armas de destrucción
no estoy a la altura de los acontecimientos
por el hecho de que no sepa manejar
un tanque de guerra ni un fusil.

Fin

Manual para Inconformistas (1995), de Juan Calzadilla
Una cáscara de cierto espesor
Publicado en Libros de poesía.

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