Ética y objetividad en la crítica de arte         

Para la comprensión del papel que debería cumplir la crítica
en la formación del arte habría que pasar por su ejercicio y práctica, cuestión nada fácil sin una voluntad expresa, continua y diligente que lo asuma como un reto.. Entérese por este artículo de las recomendaciones que, en cuanto al aprendizaje más elemental  de la crítica de arte nos da el  autor de este artículo:
«A fin de cuenta,  no existe una crítica  estática  y objetiva ni definitiva. Sino una crítica creíble. La verdad que  se puede expresar  en ella es relativa pues el contenido del  conocimiento artístico  es dinámico y se modifica con cada época; los puntos de vista  sin los cuales no hay exposición ni valoración crítica de  las obras son también relativos. La crítica es un núcleo lógico sin bordes precisos, que fluye del ente de la obra a la cambiante realidad que modifica  sus valores. Ninguna crítica lo dice todo acerca de  una obra en términos absolutos». Juan Calzadilla.

ÉTICA Y OBJETIVIDAD EN LA CRÍTICA DE ARTE

 

 Juan Calzadilla

 

Introducción

En el origen de la crítica de arte está siempre el interés que despiertan en nosotros las obras de arte. Se trata de un  interés intelectual que se manifiesta en forma de explicación o  necesidad de razonamiento de la experiencia con las obras. Las obras de arte se presentan siempre bajo una determinada organización, es decir, como algo que está concluido y que a la vez se muestra en proceso, entre el espacio que ocupan en sí mismas y el espacio que ocupan en la realidad y en la historia del arte. La obra no está separada de un contexto físico que la contiene pero tampoco podría considerársela sin ver en ella un objeto autónomo, dotado de leyes intrínsecas. Y en virtud de la crítica la obra fluye entre el objeto que es y el espacio que la contiene, entre la estructura de la obra y su espacio físico y su espacio histórico.

 

¿Qué es la crítica de arte? Es la manera en que una determinada producción artística se presenta ante nosotros bajo la forma de la lectura que hacemos de ella. Esta lectura puede ser oral o escrita. Puede estar hecha por el creador o por alguien que no siendo éste asume frente a ella el rol de lector.

En todo caso, toda lectura implica un modo de interpretación, se impone bajo una cierta perspectiva o enfoque y en consecuencia no hay una crítica enteramente objetiva, enteramente despojada de subjetividad. En este sentido, Kant decía que el conocimiento del objeto en sí es un imposible.

 

Los modos de la crítica de arte

Para entrar en materia diré que distinguimos por su contenido dos tipos de crítica: una es la que toma el lenguaje como medio para hacer inteligible del modo más transparente el mensaje y otra es la que valora el lenguaje no sólo como medio de comunicación sino también como objeto de interés en sí mismo.

La primera es una crítica facilitadora o mediadora, en la cual la escritura  se entiende como un sistema verbal que sirve para exponer del modo más inmediato y consistente el contenido o materia de la crítica.

En el segundo caso el lenguaje se hace objeto de sí mismo como si también el discurso en que se dice la crítica tuviera interés artístico. Como si el  crítico necesitara  expresarse en lo que dice de la obra. En este último caso se dice que el crítico maneja un lenguaje literario.

 

La crítica a la cual nos interesa referirnos debe situarse en un punto intermedio entre esos dos polos, un punto de acuerdo con el cual lo que se dice está expresado correctamente, con propiedad estilística y empleo adecuado de la lengua, pero de forma inteligible y objetiva respecto al contenido que se desea revelar como entendimiento de la obra en sí.

 

Quisiera insistir en las vías de acceso a la crítica de arte, señalando los pasos que en el marco del tratamiento de las obras y de la información conducen a las principales formas de presentación de la crítica, bajo el entendido de que ésta es una praxis integral en la que entran en juego los conocimientos, los conceptos y la visualidad.

 

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En principio, en el nivel más elemental del trabajo crítico está la información básica.  No puede saberse nada acerca de lo que se ignora. Y lo primero que no puede ignorarse son los datos ciertos que identifican a las obras de arte y permiten reconocerlas por tales. Identificación de los modos técnicos propios de la producción del producto artístico, como los materiales, las características técnicas, género y autoría,  la procedencia y ubicación  en el contexto histórico. Este reconocimiento tiene por  fin hacer indivisible la unidad obra-autor, mediante el complemento de la información biográfica o curricular relativa a  los autores de las obras, estilos y  tendencias.

 

Catalogación simple e identificación biográfica son el primer paso a cumplir en la tarea de desentrañar el sentido de las obras y se ha de efectuar con toda humildad y veracidad. Proporcionan ese tipo de documentación sumaria recogida en catálogos o publicaciones y a cuya mayor complejidad, por medio de sucesivas elaboraciones y reflexiones, se llega a la crítica de arte propiamente, en cuya base se encuentra una identificación adecuada de las obras de arte.

Aquí comienza la objetividad en la crítica de arte. De esta información se derivan  varias conclusiones.

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El paso siguiente es la reseña de arte, generalmente identificada con el trabajo de prensa o con el desempeño reporteril en  museos, centros de arte y periódicos. En esta instancia se maneja la información sintética y objetiva,  jerarquizando  los datos y ordenándolos en función de un relato o texto lineal que consiste de un enunciado o resumen referido tan pronto a una o más obras, a una trayectoria biográfica o ambas cosas a la vez.

 

Muchos críticos rehuyen hacer esta tarea por considerarla tediosa y rutinaria, a menos que se hayan iniciado en su trabajo crítico en un periódico, un museo o una galería de arte, en cuyo caso han cumplido con este paso, al que concedemos  gran importancia para el aprendizaje del oficio y para la práctica de la escritura.

La reseña se emplea en el periodismo y en los departamentos de investigación de los museos con fines divulgativos o para la elaboración de rótulos de salas, catálogos, folletos, plegados y otras publicaciones. Se caracteriza porque no requiere de un trato directo con las obras de arte. Y en la mayoría  de los casos maneja información ya procesada, lo que facilita la tarea.

La cuestión se complica cuando la reseña hace parte del trabajo de investigador, cuando la información de que se dispone es insuficiente y es necesario completarla por distintas  vías, a través de una pesquisa o arqueo personal.  En la tarea del seguimiento de la obra aparece la primera mirada del crítico. Este tipo de comentario  pone en juego un gran esfuerzo de síntesis para condensar la información.

 

El crítico necesariamente no hace labor de investigación ni está obligado a hacerla pero si se ve en el caso de realizarla, tanto mejor,  puesto que de este modo puede efectuar verificaciones de primera mano y lograr con ello una mayor objetividad en sus juicios.

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Tal como veremos también en el siguiente segmento, aquel que atribuimos  a la labor que se realiza cuando pasamos a esa fase durante la cual nos enfrentamos a la elaboración de cronologías, catálogos razonados o ilustrados, biografías y periodizaciones.  Pongo en duda la pericia de un crítico que antes no se haya entrenado suficientemente en estas tareas.

 

Ni la síntesis biográfica ni la cronología o la historia de las obras plantean como requisito el trato visual con los materiales, pudiendo limitarnos a la información ya procesada en libros catálogos y revistas y tomada de éstos o de otras fuentes. La complejidad de estas formas depende de la extensión de lo que se quiere para obtener con ellas desde textos con muy pocos datos a textos muy ricos de información, conforme a los espacios para los cuales se emplean, como catálogos, libros, revistas, exposiciones y retrospectivas.

 

La cronología es una historia  abreviada, por  años o lapsos de tiempo, que combina ambas informaciones, la curricular y  la objetiva o referida a la existencia o los procesos de  las obras. Implica no sólo acopio de información sino selección de los datos. Su función depende de su mayor o menor extensión  y de su destino, ya se trate de un catálogo o un ensayo o el libro. Se diferencia de la  biografía en que ésta concierne al autor estudiado en tanto que productor de información La cronología responde a un trazado diacrónico, lineal, en orden a la temporalidad de  los hechos  y puede  ser simple o compleja. La cronología compleja puede ser ilustrada o comentada.  En la ilustrada  las reproducciones  documentan la información en tanto que las comentadas  incluyen referencias críticas, periodizaciones y datificación técnica más completa, por cuanto este tipo de texto se destina a libros o catálogos exhaustivos.

 

Aunque generalmente se le confía a los investigadores, la cronología, cuando no se limita a una síntesis, puede definirse como un trabajo crítico complementario que exige gran responsabilidad y que se cumple mejor en proporción al mayor conocimiento de la obra, lo cual es tarea de la crítica de arte. En ambas, la identificación de las obras puede resultar un trabajo muy complejo, de mucho aprendizaje visual.

 

El catálogo razonado y el catálogo ilustrado se encuentran en una fase   superior del trabajo crítico y es difícil que no se pueda ver en ellos una demostración de pericia para la que se combinan el elemento conceptualizador del juicio y la experiencia visual en el conocimiento de las obras. Un catálogo bien razonado es ya en sí misma una crítica de arte. Y puede sustituirla como su síntesis.

Es aconsejable detenerse mucho tiempo en las obras, aunque se vean a través de fotografías, y compararlas hasta poder trazar a partir de ellas un modelo de periodización. Elaborada la periodización y ubicadas las obras en una secuencia cronológica, será fácil entonces extraer los elementos de juicio propios del razonamiento crítico. La catalogación es al trabajo crítico lo que el bloque de fichas para el investigador. Las obras son, así pues, fichas, objetivas, visuales.

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La biografía no es considerada como forma indispensable de la crítica de arte y a menudo funciona separadamente de ésta. Aunque la biografía puede estar combinada con la crítica o análisis de la producción artística, tal como era costumbre en los tratados antiguos. Pero en la medida en que la obra adquiere protagonismo, la  biografía se diluye y tiende a desaparecer al punto de que hay autores que prescinden casi completamente de la minucia biográfica. La diferencia entre uno y otro género se encuentra en el hecho de que mientras el biógrafo puede prescindir de la crítica, no hay una crítica que no contenga en su desarrollo elementos biográficos. En cambio el análisis de las obras puede ser obviado por el biógrafo.

 

En dos monografías mías la biografía está tratada separadamente de la crítica. Ese fue mi primer plan de trabajo para libros de  arte. Se trata de las monografías sobre Federico Brandt y  de Arturo Michelena. Hice con ellas un doble montaje. Naturalmente se trata de personajes con una biografía muy sugestiva y en quienes la información personal es importante para contribuir al análisis de las obras, y esto es más evidente cuando está de por medio la periodización. Casi no hay autor que no amerite de una periodización.  Al punto de que se puede decir que no hay periodización sin datificación biográfica. Nombro de última en esta etapa a la periodización porque es una materia que generalmente se ve dentro de la crítica misma y no como una fase de ésta.

Ahora les mostraré un ejemplo de cronología, en la obra de Braulio Salazar.

Con lo expuesto hasta aquí quiero decir que la labor del crítico, si pretende la objetividad, es mucho más integral de lo  que se supone, no sólo es una labor conceptual, sino también  visual. Su mayor eficacia depende no sólo de los conceptos que maneja y transmite como de l información visual en que se apoya.

 

En este sentido creo que el conocimiento de las condiciones de producción es muy importante para poder escribir sobre las obras. Con las  condiciones de producción me refiero al in situ del artista, al lugar, el taller, técnicas, materiales, hábitos de creación, todo lo que permite seguir el pensamiento y la trayectoria del artista y la historia de sus obras. Hasta donde es posible, se trata de un conocimiento que adquiriremos frecuentando los talleres de los artistas  y entrando en contacto con éstos, cuando están vivos. Las impresiones que  éstos comunican so su propia obra resultan a veces más reveladoras de que lo que puede decir acerca de sus obras un crítico. Deberían oírse y  tomarse nota de lo que dicen. A través de dos recursos  hoy poco cultivados de lo que podríamos llamar la crítica testimonial.

 

La entrevista es inaplazable cuando escasea la documentación que informe sobre etapas  poco conocidas en la obra de un artista,  o cuando el artista  es poseedor de buena memoria  o es lo suficientemente lúcido para confiar en que  ayudará a esclarecer los procesos de su trabajo. Una buena entrevista, rica en juicios de parte y parte, puede constituir el  texto de una monografía, como ya hay ejemplos en la  historia más reciente.

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Las carencias de la visualidad

En la práctica actual de la crítica de arte se nota mucho abandono de la experiencia visual. Mucha crítica entre la que se hace hoy está basada en referencias ya elaboradas que se toman de libros y catálogos y artículos  de periódicos;  igual pasa con las obras: se observan en fotografías, catálogos  y  libros, pocos veces, o por lo menos mucho menos que antes, en sus originales. Se han abandonado las visitas a los talleres de los artistas.

Hay una tradición testimonial que se ha ido perdiendo. Naturalmente que hoy día es más difícil, por todos los problemas del tráfico y la complejidad de la vida urbana actual, y las distancias, establecer contactos más directos con los  artistas.  Pocas veces se tiene oportunidad de ver un conjunto apreciable de obras, las retrospectivas de los pintores fallecidos o consagrados son más difíciles de organizar hoy y las obras se han ido diseminando más y más ante la desaparición de las grandes colecciones.

 

Me temo que se puede hacer poco en punto a objetividad si no se cuenta con los originales sobre los que se quiere escribir o investigar. Las reproducciones sólo transmiten una identidad borrosa de la obra. Sin duda que sólo valiéndonos de los originales podríamos cumplir bien otra faceta de  la crítica.

Me refiero al análisis, en que fue tan productiva la década del sesenta entre nosotros. El análisis pone a prueba la capacidad de síntesis del crítico y la maestría para transmitir los datos  esenciales del conocimiento, referido al conjunto de una producción artística, a partir de  la obra objeto del análisis. En los últimos años se está haciendo poco empleo del análisis atendiendo a los valores intrínsecos de una obra.

 

La crítica y la forma de hacerla han cambiado mucho, también las vías de aprendizaje y su ejercicio. Antiguamente el crítico  se formaba en los periódicos o en el museo y lo hacía en el tiempo libre, sin recibir paga por ello y sin haber asistido a la Universidad. Por lo general era un poeta o literato.  Alguien que comenzaba  escribiendo sobre la exposición de artista porque no había nadie más que lo hiciera o porque era familiar o amigo del artista.  Hoy en día se le considera un especialista y escribe por encargo de las galerías y museos, casi siempre para catálogos y revistas. Pero también se han perdido muchos espacios impresos para el ejercicio de la crítica.

 

Quiero referirme ahora a  los dos tipos de crítica más frecuentes, atendiendo al enfoque del material objeto de reflexión.

Son  la crítica diacrónica y la crítica sincrónica.

Por la primera se examinan los hechos artísticos siguiendo un orden más o menos cronológico en el marco de una secuencia en la cual el estudio de las etapas en un artista o de sus obras se desarrolla linealmente  conforme a una sucesividad histórica o por etapas. La manera en que se ha estudiado el arte moderno corresponde a un movimiento diacrónico. La diacronicidad se ajusta al esquema biográfico o si se quiere genealógica pues  da por supuesto  que todo procede de algo, en una sucesión de causa efecto. En el tipo de crítica sincrónica se prescinde de la exposición lineal y se aborda el hecho artístico en su instancia misma, como presente. Mientras que aquella  es deductiva, esta es inductiva, o si se quiere fenomenológica. La diacrónica es el tipo de crítica más empleado en  Venezuela,  después de Enrique Planchart.

 

Creo, sin embargo, que no hay obra de arte  sin una  historia. La obra de arte es en sí misma la presentación externa de una historia interna. Develar y exponer ambos aspectos es  función de la crítica, no importa el método que se emplee.

 

Conclusión

A fin de cuenta,  no existe una crítica  estática  y objetiva ni definitiva. Sino una crítica creíble. La verdad que  se puede decir en ella es relativa pues el contenido del  conocimiento artístico  es dinámico y se modifica con cada época; los puntos de vistas  sin los cuales no hay exposición ni valoración crítica de  las obras son también relativos. La  crítica es un núcleo lógico sin bordes precisos, que fluye del ente de la obra a la cambiante realidad que modifica  sus valores. Ninguna crítica lo dice todo acerca de  una obra en términos absolutos.

Antonio Herrera Toro, por Juan Calzadilla
Juan Lovera, por Juan Calzadilla
Publicado en Puntos de vista.

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