50 años de diálogos. 1970-2020: Entrevista a Juan Calzadilla, por Franklin Fernández

Entrevista a Juan Calzadilla, por Franklin Fernández:
«50 años de diálogos. 1970-2020»

F.F.-Desde mucho antes de la publicación de ‘El artista en su taller’, usted ha contribuido enormemente al estímulo y fomento de nuestros creadores. Además, ha tenido también la fortuna de ser entrevistado. ¿Recuerda usted su primera entrevista o conversación? ¿Quién fue la primera persona que lo entrevistó? ¿Y en dónde?

J.C: La primera entrevista recuerdo que me la hizo un periodista español que firmaba con el seúdonimo El diablo cojuelo y escribía para El Papel Literario de El Nacional, el cual para 1954 dirigía Mariano Picón-Salas. El diablo cojuelo era el encargado de redactar las entrevistas que aparecían en la última página del suplemento con sus respectivas fotos. Estaban dedicadas a escritores que acababan de publicar un libro, y especialmente a los narradores y poetas
jóvenes que se presentaban en el periódico con sus libros bajo el brazo. Era como un bautizo o ritual.

Es el diálogo, sin duda, una labor ampliamente generosa, pues apuesta a lo mejor de nuestra comunicación verbal y capacidad reflexiva. ¿Prefiere usted el monólogo o el diálogo?

Son dos situaciones diferentes igualmmente útiles en las funciones que cumplen en la sociedad; dos términos que llenan idénticas necesidades de comunicación: Uno es el monólogo y el otro el diálogo. El monologo es de naturaleza introvertida aunque esté dicho en voz alta. El diálogo es extravertido, así sea dicho en silencio y requiere del otro. Con ambos lenguajes te expresas al mismo tiempo que piensas, observas, reflexionas, en circuntancias y pareceres distintos. Cuestión aparte de que no existe un solo mmonólogo que no sea intrínseco a si mismo y no se dirija exclusivamente al que monologa, lo cual es una condición existencial. En tanto que para el diálogo es condición fundamental la presencia del otro. Con el dialogo te haces presente, con el monologo te invisivilizas.

Para usted, ¿qué diferencia existe entre monologar y dialogar, preguntar y silenciar, hablar y callar?

En el monologsr tú te te comunicas contigo mismo
En el dialogo tú te comunicas con otro(s)
En el hablar tú te comunicas con la gente.

¿Son los diálogos además de una inigualable confidencia entre dos personas, una forma de conversar con el ser?

No siempre. La confiabilidad de que tú hablas es una condición humana que se cumple rara vez en la intimidad de dos personas cuando en
ambas se alcanza la revelación del ser. No es un elemento agregado
al diálogo sino parte estructural de éste.

¿Cree usted que el diálogo o la entrevista sea un género popular en Venezuela? ¿Existe una tradición?

El diálogo está presente en todas las manifestaciones donde cumple una función comunicativa, social. Aunque en literatura existe escasa disposición para el diálogo y en la poesía, si hacemos la salvedad de la poesía popular, letras y canciones, el corrido llanero y la décima, el diálogo ha brillado por su ausencia o aparece pocas veces en la palestra del bardo culto. Igual puede decirse de la narrativa contemporánea en la cual se prefiere apuntar al discurso sustitutivo del diálogo antes que poner a conversar a los personajes. Por supuesto, en la buena narrativa prospera la belleza del diálogo bien construido, como sucede en la narrativa de Gallegos o en la cuentística de Armas Alfonzo. En otros narradores oímos de los personajes sólo lo que dicen las palabras, como si estuviésemos en una sesión de artes marciales o en un circo.

Haciendo un poco de historia. En Venezuela, ¿a quién debemos la belleza del arte de la conversación o la hermosura de silenciar con alguien?

Entre nosotros fue Armando Reverón el maestro del silencio del diálogo en un grado superior al de cualquier filósofo o maestro. Reverón se taponeaba los oídos porque creia que así podría parecerse a Goya. Aunque pudiera ser que se tratara de una excusa para explicarnos que sólo quería dialogar con la naturaleza, oír hablar
a la tierra, los áboles, los animales. En el fondo esto era lo que hacía cuando pintaba.

¿Es el arte de la conversación un verdadero arte? ¿En dónde reside
la belleza del diálogo?

No creo que reside en algún sitio en particular, porque en realidad, en tanto que diálogo, lo que constituye un verdadero arte es la verdad. En cambio con la retórica, el buen decir, la farsa, se puede construir empleando el idioma un símil de belleza sin serlo. ¿De qué valdría entonces que alguien como Gandhi dijera la verdad sin mover los labios? La belleza debía estar en lo que decía.

En estos tiempos de gritos ensordecedores, ¿hace falta callar? ¿Qué nos puede enseñar el arte del diálogo?

Te diré lo que una vez escribí sobre esto:

LAS PALABRAS NO CONOCEN EL ESTADO SÓLIDO

La dureza no es un estado propio de la voz, y sin embargo la gente pide que se hable más duro, más duro. También es inoportuno el concepto de fortaleza, como cuando alguien me ordena que hable más fuerte, más fuerte. En general, lo que me quieren decir con esto es que hable más alto, más alto. ¡Pero quien puede elevar tanto su voz para hacerla reconocible en medio del bullicio ensordecedor que hacen los que compiten para hablar más duro y más fuerte en la reunión. Lo mismo sucede con el estado sólido.¡Juicios sólidos!
Yo prefiero los líquidos. Los juicios sólidos son más
difíciles de tragar.

¿Por qué razón gusta usted de conversar con la gente? ¿Qué lo inspiró a efectuar trabajo de campo y realizar entrevistas?

Pudiera ser por el gusto mismo de conversar o por el interés afectivo o cognitivo que pudieran despertar en uno otras personas. O sencillamente por afán de conocimiento a través de la presencia humana del otro. O por interacción o diálogo con el portador de la información. En mi tiempo se popularizó en la crítica de arte la investigación de campo y los instrumentos de trabajo eran el grabador y la oralidad. Se practicaba en los talleres de los artistas en el campo, en el lugar de trabajo o en el gabinete del escritor, con quienes se entraba en franca conversación. Este método aprehensivo ha llegado a desaparecer actualmente y con ello ha desaparecido uno de los mejores instrumento para la invstigación. Creo que tu libro «La imagen doble» (edic. El perro y la rana) es ejemplar como modelo
de aprovechomiento al máximo del arte de dialogar.

A más de cincuenta años de diálogos con otros interlocutores, usted ha respondido a interrogantes y emitido críticas a favor y en contra del manejo de la cultura. Pero, ¿qué tiene que decirle, más allá del debate cultural y político, Juan Calzadilla a Juan Calzadilla?

Lo que tenía que decirme ya me lo he dicho multitud de veces en lo que he escrito y en lo que he hecho, mal que bien. Y se manifiesta siempre en la reprimenda que me hago por lo mal que lo pude haber hecho. Eso sí, soy un buen lector de mí mismo, y nunca abandono ni dejo de lado lo ya publicado ni aparto los ojos de lo que, una vez que sale o está en ciernes, puede ser mejorado. Aunque reconozca que eso que se yergue como la tentación de alcanzar una perfección
que después de todo sabemos consiste sólo en su búsqueda misma. Puesto que no existe.

Además de hablar bien, también sabe hablar mal. ¿Qué opina de la crítica?

Cuando se hace crítica se está dispuesto a errar. En eso somos todos iguales y diestros, es decir, en actuar motivados interiormente por nuestra subjetividad, modelados por ésta. Tergiversiones y erroree
se apoderan de nuestros juicios porque están ya en nosotros. Condicionamos lo que pensamos que debe ser el arte de acuerdo con lo que pensamos que debiera ser en nuestra opinión. Y no debe ser así. Venimos de una culpa y vamos hacia otra culpa.

Durante los últimos cincuenta años, ¿usted ha hablado para salir de las tinieblas o entrar en la luz?

Quizás más bien para entrar en una semipenumbra parecida a como cuando se fotografían los edificios de la ciudad en los charcos de agua después que llueve fuerte sobre el asfalto de la avenida; desde el suelo, por donde transitan los perros, usted divisa la ciudad como si estuviera desmoronándose y nunca terminara de desmoronarse completamente. Así la he visto por momentos en mis poemas, poco esperanzadores por cierto para el ciudadano común. Por supuesto, no es una visión muy positiva, ni tampoco negativista, es simplementeamente realista.

Caracas-Barcelona, enero 2020

Entrevista a Juan Calzadilla, por José Ángel Leyva
Entrevista a Juan Calzadilla: "Un nuevo protagonista, el poeta en rol teatral", por Beira Lisboa
Publicado en Entrevistas y reportajes.

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