Dos anécdotas de «Reverón, voces y demonios»

UNA TELA DEMASIADO COSTOSA

T.J. Anderson, un norteamericano residenciado en Caracas, fue de los primeros coleccionistas que, con sentido altruista, se ocuparon de estimular a los jóvenes pintores egresados de la Escuela de Artes Plásticas por los años 40. Frecuentó El Castillete y se hizo con el tiempo gran amigo de Reverón. Solía visitarlo en compañía de Mateo Manaure, interesado ya en la suerte del pintor, ya en proporcionarse alguna obra. En una oportunidad en que recibió como mercancía un rollo de fino lienzo de pintor, míster Anderson juzgó prudente que si se lo entregaba a Reverón, éste podría dejar de utilizar, al menos por un tiempo, el rústico coleto que constituía su soporte habitual, y cuyo empleo por parte de Reverón mister Anderson atribuía a la falta de dinero.

Pasado algún tiempo fue a hacerle una visita a su amigo, ansioso de ver el resultado de su donación. Reverón le mostró algunos cuadros recién pintados, todos hechos sobre coleto.

-¿Y qué hiciste con la fina tela que te regalé? – le preguntó mister Anderson, extrañado por no ver entre los cuadros alguno que estuviera pintado sobre el fino lienzo que le había regalado.

-¿Cómo crees que iba a utilizar una tela tan costosa para pintar? Con ella me fabriqué dos catres.

_____________________________________
Contado al autor por Mateo Manaure


LA VISITA PRESIDENCIAL

Invocando la soledad como un privilegio de la vida más primitiva, Reverón asumió sus tareas en El Castillete dentro del más complicado aislamiento cultural e informativo. En este sentido es muy elocuente una anécdota contada por Raúl Nass:

Presidía desde hacía dos años la Junta Revolucionaria de Gobierno, cuando a Rómulo Betancourt, quien pasaba unos días en la residencia oficial de La Guzmania, en Macuto, se le ocurrió hacer una visita a su amigo Armando Reverón, al que no veía, por razones fáciles de explicar, desde hacía algún tiempo.

Llegados al Castillete el Presidente y su comitiva, Armando los recibió muy contento de reencontrar a su amigo de antaño.

-¡Rómulo, qué gusto me da verte! Hace tiempo que no te veía. ¿Dónde estás ahora?

-¿En dónde voy  estar? En Miraflores –respondió lacónicamente Betancourt.

-¡Ah chico, qué bueno! ¿Te dieron un puesto?

_____________________________________
Contado por Raúl Nass en una entrevista hecha por Alicia Torres para la Galería de Arte Nacional en 1989. Archivos del Cinap. GAN.

Dictado por la jauría
Anatomía movediza
Publicado en Libros de poesía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *